miércoles, 1 de marzo de 2017

El dolor es un lujo a nuestro alcance

Tomado de "La regla de Tres". Antonio Gala



El dolor es un lujo a nuestro alcance. Pero unas veces por falta de imaginación y otras por un alucinado temor que nos protege, no avanzamos lo bastante por los caminos suyos. Y perdemos con ello. Se nos quedan numerosos paisajes, desolados o pobladísimos, densos o diluidos, por conocer; numerosas facetas de nuestros amantes que habríamos podido amar o detestar, pero que en todo caso habrían formado parte nuestra, y que nos pasaron inadvertidas; numerosos aspectos de nosotros mismos que siempre ignoraremos si no abordamos la ruta del conocimiento que es el dolor; numerosas reacciones y tesoros y facciones de nuestra alma que jamás se nos manifestarán porque sólo ante la lámpara del Aladino del dolor y su aplacada luz, igual que ciertas aves ante la peculiar luminiscencia de la noche, se manifestarían saliendo de sus nidos. Sucede como con el amor que se hace muy deprisa y no nos conduce a una mayor sabiduría de la persona amada y de sus disponibles territorios.

Siempre tendemos a deshacerlo todo. Y en primer lugar, a deshacer a manotazos el propio sufrimiento, a meternos en la vida como en una dorada fiesta donde lo único importante es aturdirse. Como si, por no enterarnos, no sucediese nada. Cuántas veces me habré sacudido yo un mal de amor con una borrachera -la resaca no nos deja pensar al día siguiente- o con pastillas euforizantes que me secaron los ojos y la boca.

Una muerte, de momento, se alivia con somníferos. "Hay que seguir viviendo - se nos dice -diviértete, ahora es cuando más tienes que salir, no te encierres.”  el dolor físico y el otro, los dos han de evitarse. Nos atiborramos de sedantes y analgésicos. Le ensordecemos al dolor lo que tiene de alarma, de llamada a la vida, de verdadera prueba en todos los sentidos, de exacerbación e intensidad.
No, no soy masoquista. La vida es una bolsa elástica en la que todo cabe, hasta la muerte. Y coma a quien no come para no engordar se le achica el estómago; a quien se niega a sufrir, el alma se le achica. Me han acusado de masoquista tantas veces que me lo creí casi. No es cierto. No busco ni aconsejo que se busque el dolor, ni que se siente uno a esperarlo. Pero llega; una y otra vez llega. Y los muertos son nuestros. Y el dolor también. Y nos arrasa. Y nos reconstruye de otro modo: de eso quiero escribir.

El dolor pone el aire nuestros entresijos; nos obliga a mirarlos y a verificar que somos iguales que los otros. La comida sin masticar nos perjudica; el dolor sin sentir nos hace resentidos, porque hacemos crónica la enfermedad que debió ser aguda. Yo me propongo mirarlo fijamente a los ojos, quedarme frente a frente con él, charlar con él, que me cuente su cosas, de dónde viene, de qué familia es, cuánto se va quedar, qué designios lo mueven. Porque cada dolor concreto no retornará nunca y nos trae un recado irrepetible. No me despediré de él a la francesa y saldré por la puerta falsa. Lo habitaré y dejaré que él me habite. No hay otro modo de que se ensanche nuestra casa, y de que, cuando venga la alegría, si viene, tenga más sitio donde recrearse.

... ¿o quizá es que he sido cobarde en el dolor tanto como en el gozo? se amortizan los júbilos a fuerza de no consumarlos hasta la última gota; resucitan las penas cuando no las asumimos hasta el fondo, porque en realidad nada se tacha: huimos del dolor, y lo llevamos dentro, o a la grupa del caballo en que pretendemos alejarnos. El dolor es la mitad de la vida. Si renunciamos a él, estamos renunciando a la pasión, teniéndola antes de que se instaure; estamos renunciando a la vehemencia y a ser la palestra de todas las batallas. Y sin batalla vehemente - yo lo sé: he sido su juez, su testigo y su parte - no hay victoria. No gana nunca el queda agua para que le den sed, el que da amor para que le correspondan. Hay que aprender en la propia carne, con los ojos abiertos, que todo lo importante de este mundo, cuando se tiene de verdad es cuando se busca, cuando se canta de verdad es cuando se pierde. Por eso estoy aquí, ante el mar de esta isla.


Porque hay dolores graves, respetables, comprensibles, cuyas heridas se cierran y acaban por secarse lo mismo que los hibiscos que un amanecer sorprende ya en el suelo, suelo ellos mismos, camino de ser hierba sobre la cicatriz. Pero hay otros dolores por cuyas amplias puertas deberíamos entrar para extraviarnos dentro, y multiplicar nuestro saber de muchas cosas que cambiarían nuestra vida. Quizá es exactamente eso lo que pretendo…

martes, 28 de febrero de 2017

Miedo de perderme

Miedo, siento miedo, miedo de perderme.. como dice la canción. Ayer se me despertó de forma abrupta estando con mi hijo, nos estábamos dando un abrazo y de repente vino la anticipación catastrófica aunque también muy real de la posibilidad de la muerte, la no vida ni presencia en este mundo. Y es que lo que importa no es morir sino dejar de Vivir. Y yo, tengo tantas ganas de vivir...
Qué falsedad la mía, digo esto mientras me fumo un cigarro, no he sido capaz de dejarlo del todo amparándome en que cuando llegue la operación lo dejaré definitivamente, hasta me comprometí delante de mi hijo a hacerlo y ha visto que no tengo palabra.. me disculpo a mi misma por no quererme y respetarme un poco más. Le decía hace poco a una de mis maestras este hecho y mis coqueteos con la muerte, ella me lanzó con mucho amor una pregunta fundamental -¿qué puedes encontrar en la muerte que tanto te atrae?- la respuesta fue fulminante "descansar... si muriera llegaría el descanso" qué trágico!! qué locura nos envuelve para pensar que no se puede alcanzar el descanso en vida, pero cómo iba a pensarlo en el tren sin destino y desbocado en el que he vivido tantos años...

He estado esta noche despidiéndome de mi pulmón, al menos del pedazo que ya no estará conmigo, es una perdida importante aunque yo me empeñe en relativizarlo o bromear sobre ello. La verdad es que me siento un poco Sally, la novia de Skeletor en pesadilla antes de navidad, entre los quistes que tuve de joven en los ovarios con sus operaciones correspondientes, la retirada del apéndice, el prolapso en la válvula mitral y este pedacito que me van a quitar me siento una muñeca llena de remiendos. Me visualizo en el hospital, veo un cuerpo muy pequeño y menudo lleno de tubos drenando y llevando alimento y oxigeno a mi cuerpo y a mi, intentando respirar como un pez cuando fuera del agua intenta no asfixiarse, entonces entro en una gran compasión y ternura por mi misma que me estremece hasta el alma. Es curioso, creo que la mayoría de personas que conozco no saben de mi salud, supongo que es una de mis estrategias para mostrarme entera y fuerte como una roca. Qué incompletud la mía... esta vez el vacío en mi pecho será real, me sale una sonrisa amarga recordándome como alguien sin corazón cuando es lo más grande que tengo.

Le decía a mi madre ayer lo impresionada que estaba de todas las personas y muestras de cariño que estoy recibiendo estos días y ella decía "es que tu eres una buena persona Ana, siempre has sido alguien especial" y esto me lleva a tantas reflexiones... "Soy buena" cuántos reproches a mi misma, cuanto control y exigencia para ser mejor olvidándome de quién era, ser buena con quién porque conmigo misma no ha sido. Es como el intento del hombre de conocer otros mundos y galaxias lejanas cuando no sabemos apenas nada de los fondos marinos o de lo que hay bajo la corteza terrestre, qué empeño en buscar fuera lo que sólo podemos encontrar en nuestro interior y qué es esto último si no el viaje del héroe que parte a tierras lejanas para darse cuenta, a veces demasiado tarde, de que el tesoro estaba en casa, casita...

Lo de ser "especial" es hermoso, más cuando viene de una madre y al mismo tiempo resulta tan nocivo..., a veces. Es-pe-cial = diferente a los demás y esta diferenciación es la que me aleja del otro, la que me deja sola en mi reducto de empoderamiento artificial, con un halo de grandeza que hay que mantener y alimentar a un precio demasiado alto y que lo único que hace es alejarme de mi propia humanidad, de mi infalibilidad, de mi torpeza, de mi impotencia y de mis errores, como si este manto me protegiera de no sé qué.

Me recuerda a los comentarios que se están haciendo en mis post con el tema del cáncer, "Tú eres fuerte, eres grande, que admirable, qué valiente,..." sé que las palabras salen con amor de vuestra bocas y manos pero yo me siento tan frágil, pequeña y vulnerable en este momento que intento obviarlas, ahora necesito ternura, compasión, paciencia, mesura, silencio,.. y algo que sí me llega a raudales por esos mismos comentarios: unicidad. Unicidad hasta con personas que no conozco ni me conocen, con personas que viven al otro lado del océano, es absolutamente increíble sentirse una con el mundo.

Hoy estoy asustada y muy triste, ya era hora... enseguida tocará dejarlo a un lado, tengo la suerte de que mi hijo está de carnavales y podré disfrutar todo el día de él y me llega desde hace días esta frase que no sé si es de alguna canción: "se me hace urgente vivir" y ahora hasta unos minutos se me vuelven suficientes...


lunes, 27 de febrero de 2017

Un instante en la inmensidad

Cuando una tiene como pasión el orgullo y como motivación principal la conquista de nuevos territorios, es difícil no pensar en la importancia de esta ardua misión y la necesidad de que una esté e intervenga en el mundo. Mi idea loca hace unos años es que alguien como yo no podía tener fecha de caducidad y sino es el que el diseñador de todo este tinglado se había equivocado en algo. El otro día me dí cuenta de la cruel realidad. 


Estoy en un grupo de whatsup de mujeres que nos juntamos el 8 de marzo para celebrar el día de la mujer. Estaban hablando de quedar, a qué hora, dónde,.. espere para comentar mi estado y que este año no podría estar en la comida pero que tenían que brindar varias veces a mi salud, me contestaron con palabras de animo, de consuelo,.. y de repente aparecen otras dos que no se habían enterado y el grupo retomó el tema de la comida. 

Uno de los regalos que tomo de este viaje es que afortunadamente sólo puedo atender a lo fundamental, lo que me hizo sonreír ante lo que estaba sucediendo y llegó un insight potente y demoledor: cuando me vaya de este mundo el impacto será tan mínimo que durará menos que un suspiro. 

Le comentaba esto a una de las componentes del grupo mientras nos reíamos y me contó su propia historia al respecto: "en estas fechas de carnavales se murió mi aitxitxe, mi atxitxe era el mejor, claro porque era el que mejor y más rápido me calentaba las manos, para eso había sido marino. Pues el día que murió volvíamos mi ama y yo del funeral y mientras nosotras subíamos una cuesta un montón de gente bajaba disfrazada de fiesta bailando y cantando. Entonces yo, aunque era una niña, me enfadé y le pregunté a mi amatxu -¿pero no saben que el aitxitxe ha muerto?- y ella me dijo - ay hija el aitxitxe era tuyo...-

Y así es nuestra vida, igual que aquella maravillosa, y creo que aún insuperable, escena en Blade Runner donde el replicante, interpretado por Rutger Hauer, habla de nuestra insignificancia y la búsqueda del sentido de la vida.. "y desapareceremos como lágrimas en la lluvia". Siempre me ha estremecido esta escena y ahora se me cuela entre los huesos como la humedad en invierno. La vida continuará, sin alterarse un ápice, en el mismo milisegundo en que yo desaparezca, entonces para qué tanto esfuerzo en ser, en decir, en hacer, en buscar un sitio que en realidad ya ocupo por el mismo hecho de existir. Para qué tanta pelea, tanto disgusto, tanto pensar y planificar. Para qué poner la energía en mostrarme en el mundo, en vez de en el mismo acto de existir y estar en él por derecho propio. 

Cuánto esfuerzo en ser quien no soy... y ahora que se va difuminando el sentido que le venía dando a la vida, tomo conciencia de mi propia y liviana  insignificancia, ahora que ya no queda ninguna certidumbre, es cuando todo se simplifica de tal manera que de momento sólo puedo sentir un vértigo atroz, similar a cuando en una meditación conectas con el vacío y aparece el miedo a desaparecer. No sé si podré lograrlo pero estoy dispuesta a correr el riesgo de entregarme, sentirme esa lágrima en mitad de la lluvia y saber que tiene el mismo sentido e importancia que una tormenta de verano o el ulular de un búho en la noche. 


jueves, 23 de febrero de 2017

La realidad tiene una ventaja: Es

Abro este espacio con una doble intención, será una ventana en dos direcciones, hacia dentro que es donde me toca estar y hacia fuera como el lugar al que volver en unos meses.


Después de un año crucial en mi vida por diferentes motivos personales y profesionales, he llegado a un puerto que no tenía previsto en mi mapa de navegación. Se cumple un año en estas fechas cuando empecé a estar enferma, primero fue una neumonía resistente a abandonarme, luego una mononucleosis que me acompañó todo el verano y parte del otoño. En esos meses, el cansancio se hacia presente de una manera invasiva y brutal, hubo días que pensaba que la vida se me estaba escapando por cada poro de la piel, el pasillo de mi casa se extendía ante mí como un camino imposible de recorrer. Llegó el verano y pensé que ya había pasado la tempestad, disfruté como hacia tiempo y descansé llegando a tontear con la idea de no volver a esforzarme por nada, me venía la idea loca de que no hacer nada era un buen sitio donde quedarse y como sucede, a veces, los deseos se cumplen.

Hace unas semanas me han diagnosticado un cáncer de pulmón. Creo que es una buena razón para parar, pues ni por esas, porque me ha costado y sigue persistiendo el impulso de seguir haciendo. Dicen que hay un buen pronostico y que quizá una operación sea suficiente pero los vaivenes emocionales han sido una constante.

Me he debatido entre dos polaridades alejadas como si fueran universos diferentes: de un lado las ideas catastróficas "voy a morirme" y del otro "bah, esto no es nada, me quitarán lo que sobra y ya está".

En el lado de la catástrofe se hacen presentes las perdidas, todo adquiere otra dimensión y contenido, escuchar una canción, saborear la comida, asomarte a la ventana y sentir el frío de la mañana en el cuerpo,... todo se vuelve pura nostalgia, como si dieras un paso cósmico y supieras con toda claridad que no quieres dejar de existir, aferrándote desde el dolor a la vida. Pensar que no vería crecer a mi hijo o la posibilidad de no poder acompañarle en su vida se ha vuelto, a momentos, una idea lacerante y agónica.

Afortunadamente el camino recorrido en mi proceso personal, me ha dotado de los recursos suficientes para poder sostener el lado trágico de mi carácter. Me he dejado en paz en esos momentos de dolor por la perdida, por la posible partida sin retorno, la música me ha ayudado a ir soltando el miedo y la tristeza que rellenaban cada hueco de mi cuerpo, yo no sabía que el miedo podía llegar a doler. Qué presentes se han hecho físicamente las emociones...

Me ha servido dejarme un rato ahí, soltando, dándome penita y permitiendo salir tanto a la niña como a la buena madre que hay dentro de mi, dejando que cada una ocupe su lugar y pueda hacer el papel que le corresponde. Acompañándome desde un maternaje que sostiene, que alienta, que consuela y también que pone limites con amor, paciencia y firmeza cuando es necesario.

Del otro lado, la negación. "A mi no me pasa nada, yo puedo con esto, qué contratiempo tan incomodo,..." he ido tomando conciencia de lo que sucedía en relación con los demás, cuando le he contado la noticia a alguien su cara me hacia pensar "vaya, parece que esto es importante,... claro es que la gente se muere de estas cosas..." ha sido alucinante observar mi inconsciencia, mi ninguneo de la realidad para no aceptar al fin y al cabo esto que me cuesta hasta escribir: No soy invulnerable!!!

He barajado la posibilidad de estar congelando mis emociones, algo en lo que soy experta y muy rápida y es cierto que lo he hecho, pero me he dado cuenta de que ha sido algo más consciente y premeditado de lo que pensaba, y está bien porque ha sido una manera de poner a mi servicio mi propia neura para protegerme, para poder ir asimilando esto poco a poco, sin roturas ni desgarros, no hace falta que sea intenso para que sea verdad.

He intentado utilizar esto para machacarme un poquito "tendría que estar aprovechando esta oportunidad para seguir mirándome, para darme cuenta de esto y de lo otro y tú en cambio, pasas de puntillas, como si no fuera contigo..." qué vicio el mío a ser una kamikaze, a no respetarme ni respetar los ritmos naturales de las cosas
y lo que puedo y no puedo gestionar.

Ahora, después de un mes de saber la noticia empiezo a tomar tierra y vuelve aquella frase que oí a Eva Useros en un curso "La realidad tiene una ventaja: ES". Tomemos pues esta realidad y veamos que por qué veredas y caminos me lleva, partiendo con pocas expectativas y la suficiente conciencia para no despistarme de lo fundamental.


lunes, 20 de febrero de 2017

De vuelta a casa


Inicio este blog como cuaderno de bitácora ante la perspectiva de un viaje trascendental en mi vida, mi intención es estar presente en esta ausencia de mí en el mundo, durante un tiempo.

Espero que este espacio me sirva mientras dura el viaje y a la vuelta, como tesoro para redescubrir desde una nueva conciencia, quién soy y cuál es mi lugar en el mundo.